
‘Bob Marley: One Love’, de Reinaldo Marcus Green, capta la esencia del legendario artista, que dejó una huella imborrable por su sencillez y capacidad de unir a través de la música
Es increíble cómo la música es un compañero de vida indispensable. Para cada etapa hay un género, una canción, una banda o un artista, al son de nuestro estado de ánimo. Es omnipresente y testigo de los momentos más locos, más felices y, cómo no, ¡el mejor consuelo en las peores rachas! Pero, para no hacer el cuento largo, me voy a detener en un artista que, cada vez que suena, me invade la nostalgia. Revivo multitud de momentos entrañables junto a mi padre, desafinando ‘Buffalo Soldier’, ‘One Love’, ‘Three Little Birds’, ‘No Woman No Cry’, ‘Jamming’, ‘Could You Be Loved’…y me puedo seguir con todo el repertorio.
Perdón, Bob Marley, por desentonar con desmesura. Y, ¡gracias por haber existido! La música tiene el poder de unir y eso es lo que resalta la película ‘Bob Marley: One Love’, recién estrenada en la gran pantalla. Si bien los biopics están desgastados y, obviamente, pasan muchos aspectos por alto, este filme de Reinaldo Marcus Green (‘El método Williams’) captura la esencia del rey del reggae y Kingsley Ben-Adir (‘Invasión secreta’) le hace justicia con un papelón que resuena y, a diferencia del filme, trascenderá como cada una de las canciones de Bob & The Wailers.
Vamos allá con nuestro análisis, impresiones y opiniones del film ‘Bob Marley: One Love’, de Reinaldo Marcus Green.
¿De dónde parte ‘Bob Marley: One Love’?
La cinta, a diferencia de otros biopics, no arranca desde que el músico está en la cuna, sino que parte del periodo previo al emblemático concierto por la paz, ‘Sonríe, Jamaica’ que Bob y su banda dieron en Kingston, la capital del país, en la década de 1970. Esto por el conflicto político entre el Partido Nacional del Pueblo (PNP), liderado por Michael Manley, y el Partido Laborista de Jamaica (JLP), de Edward Seaga. Jamaica era un caos, incendiada de violencia y disturbios civiles, que Marley trató de apaciguar con su música.
‘Bob Marley: One Love’, en este contexto, inicia con un paso amargo donde hombres armados irrumpen en la casa de Bob y su esposa Rita, encarnada por una brillante Lashana Lynch (‘La mujer rey’), y abren fuego contra ellos y el mánager Don Taylor (Anthony Welsh, ‘Dirty Money’). Razón por la que el legendario artista se exilia en Londres donde graba, junto los Wailers, Exodus, uno de sus álbumes más influyentes, que lo llevó por medio mundo, convirtiéndose en un símbolo de resistencia y unidad. De esta manera, el filme va tejiendo su narrativa con saltos en el tiempo acertados, que nutren la comprensión de las raíces de esta leyenda y sirven de base para los que no estaban tan familiarizados con el artista.
Protagonistas sublimes
La actuación de Kingsley Ben-Adir es, como mencioné previamente, impresionante. Logra transmitir soberbiamente la humanidad y humildad, que siempre caracterizaron a Bob. Este siempre se negó a olvidar sus raíces africanas, una conexión que se reflejó en su música y en su lucha por la igualdad en un continente que, lamentablemente, sigue siendo inexistente para una gran parte del mundo. Y la película no lo pasa por alto, por lo cual, suma varios puntos a favor. “En este gran futuro no puedes olvidar tu pasado”, dice uno de los estribillos de ‘Woman No Cry’.
Aunque, uno de los aspectos más disfrutables y que más me cautivó de la interpretación de Kingsley fue el acento jamaiquino, digno de aplauso. En ocasiones, resulta difícil distinguir si estamos viendo en pantalla al verdadero Bob o al talentoso actor. Igual, Lashana Lynch está espectacular como Rita. Muestra a una mujer imponente y dura de roer, que aguanta con una determinación admirable las tormentas y vaivenes de la fama de su marido, siendo siempre el motor de la vida de Bob, hasta que se apaga por un cáncer terminal a una edad demasiado temprana (36 años), lo que pone también punto final a la película. No son spoilers, es cultura general.

Efímera como la vida
En este sentido, ‘Bob Marley’: One Love’ se siente efímera, como la vida del artista, y un tanto superficial. Aunque la película aborda varios aspectos clave, la narrativa no profundiza lo suficiente en elementos fundamentales que contribuyeron a la singularidad de Bob como ícono musical y cultural. Esto, en cierta manera, nos deja un sabor agridulce a los que conocemos su historia de raíz.
Por ejemplo, desde mi perspectiva, Reinaldo Marcus Green no dio importancia a los primeros años de Bob en el humilde pueblo de Nine Mile, Jamaica. Pues si bien acertó en representar la humildad del artista, falló en ahondar en cómo los cimientos, sellados por la pobreza y cultura jamaicana, influyeron en su persona. Asimismo, no exploró suficientemente la espiritualidad y los valores del movimiento rastafari, profundamente arraigados en su comunidad, los cuales moldearon su perspectiva del mundo desde una edad temprana.
Conclusión de ‘Bob Marley: One Love’
‘Bob Marley: One Love’ aunque cojea en su ejecución, logra encontrar un buen ritmo marcado por las maravillosas actuaciones de Kingsley Ben-Adir y Lashana Lynch, quienes lideran a una banda de talentosos actores, entre los que también se incluyen James Norton (‘Happy Valley’) y Umi Myers (‘Testigo silencioso’).
Es, en definitiva, un biopic que requiere de expectativas realistas. El director reconoce sus limitaciones y sabe que la cinta jamás alcanzará las alturas más elevadas del séptimo arte, pero ofrece una mirada respetuosa a la vida del rey del reggae, que sigue inspirando a millones de personas en todo el mundo. Así que: ¡Rastafarai!