En estos días la cartelera porteña se pobló de megaestrenos de comedias musicales, de “Charlie y la fábrica de chocolate” a “Hairspray” y de “Anastasia” a “Annie” y en esta lista entra “Billy Elliot”, producción de los hermanos Omar y Diego Romay,
El lunes fue la función para la prensa de esta fantástica puesta con elenco infantil y trabajos actorales a cargo de Osvaldo Laport, Alejandra Perlusky, Graciela Pal y Deborah Turza, entre otros.
Hay tres niños que cumplen con el rol protagónico de Billy y fueron entrenados durante un año en la Fundación Julio Bocca,para alternarse en las funciones.

 

Una de esas funciones es la que vio el crítico de Clarín, Pablo Scholtz, quien abrió un polémico debate al referirse a la sexualidad de uno de estos niños, de 11 años.

“Billy Elliot es un musical sobre la identidad, sobre no claudicar sobre lo que uno es, lo que uno siente. Este protagonista no entrega ese fuego: es frío. Billy es un varón que, precisamente, lo que busca la obra es confrontar su masculinidad con el recurrente prejuicio y la cursilería de que “el ballet es para mariquitas”, como se escucha en escena.
Entonces Billy al menos debe verse mucho más masculino que Michael,
el amigo que está descubriendo al vestirse de mujer su orientación sexual” escribió Sholtz.

Este párrafo fue el que provocó los comentarios de gente de la comunidad LGTB al hablar de la “masculinidad” que debería mostrar una criatura de 11 años.

Concidimos absolutamente en el prejuicio del comentario, que, precisamente, marca lo contrario de la apertura mental que propone la obra. El debate queda abierto.



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