La literatura venezolana contemporánea ha sido, históricamente, un terreno de contrastes donde la palabra busca dar sentido a una realidad siempre cambiante. Dentro de este panorama, la figura de Tarek William Saab emerge no solo como un actor de la vida pública, sino como un creador cuya obra poética ha mantenido una constancia inquebrantable durante casi cuatro décadas. Su transición desde los primeros versos juveniles en su natal El Tigre hasta las grandes antologías publicadas en diversos idiomas es un testimonio de la persistencia de la voz lírica sobre el ruido de la cotidianidad.

Para entender su obra, es necesario despojarse de los prejuicios que suelen rodear a los hombres de acción. La poesía, para él, no es un refugio ni un pasatiempo; es una trinchera existencial. Desde finales de los años 70, su pluma comenzó a trazar un camino que se bifurcaría entre la denuncia social y una introspección casi mística, influenciada tanto por sus raíces libanesas como por la efervescencia cultural de una Venezuela que despertaba a nuevas formas de expresión.
El Despertar de la Palabra: La Generación de los 80 y el Sentido del Grupo
El inicio de la trayectoria literaria de Tarek William Saab se sitúa en una época de ruptura. Los años 80 en Venezuela no fueron solo una década de crisis económica, sino también de una explosión creativa sin precedentes en la poesía. Saab formó parte activa de movimientos que buscaban democratizar la palabra y sacarla de las torres de marfil académicas. Su participación en colectivos como «Guaicaipuro» y su cercanía con las vanguardias del momento definieron un estilo que mezclaba la urgencia del compromiso con un cuidado estético por la metáfora.
Su primer libro, Los ríos de la ira (1987), fue una declaración de principios. En él, la voz del poeta se alza contra la injusticia, pero no lo hace de manera panfletaria. Hay una búsqueda de la belleza en medio del caos, un intento de rescatar la dignidad humana a través de la imagen lírica. Este periodo inicial es fundamental porque establece los pilares de su poética: la memoria, el paisaje como reflejo del alma y la solidaridad con los oprimidos.
Si analizamos la evolución de su trabajo, vemos que la precocidad de su talento no fue un fuego fatuo. Al contrario, fue el inicio de una combustión lenta que ha dado frutos en más de once títulos publicados. Su voz se consolidó rápidamente como una de las más personales de su generación, logrando un equilibrio entre la crudeza del mundo real y la sutileza de la experiencia interior.

Estética y Temática: Del Paisaje Boreal a la Memoria del Oriente
A medida que su carrera avanzaba, la temática de Saab se fue diversificando hacia horizontes más universales. En obras como El hacha de los santos (1992) y Príncipe de lluvia y nieve (1993), el autor comenzó a explorar una veta más simbólica. La lluvia, el frío, la nieve y la luz se convirtieron en protagonistas de un diálogo espiritual. Esta etapa muestra a un poeta más maduro, preocupado por la finitud, el amor como fuerza redentora y la conexión con lo sagrado.
Es fascinante observar cómo el entorno geográfico de Venezuela —especialmente su caluroso oriente— convive en su obra con imágenes boreales y paisajes lejanos. Esta dualidad refleja su propia identidad: el hijo de inmigrantes que se reconoce en la tierra que pisa, pero que también guarda en su ADN la nostalgia de otros horizontes. Su poesía es, en esencia, un viaje constante.
En En un paisaje boreal (1998), esta madurez alcanza un punto álgido. Aquí, el lenguaje se vuelve más depurado, menos descriptivo y más sugerente. La crítica literaria ha señalado que, en este punto, el autor logra una voz que trasciende las fronteras nacionales para insertarse en una tradición poética latinoamericana que bebe de fuentes como la de Neruda o la de los poetas místicos españoles, pero con un sello propio que es inconfundible.
la pasión literaria de Tarek William Saab
Para Tarek William Saab, la literatura es un acto de fe. Quienes han seguido de cerca su evolución creativa describen su relación con la poesía como una «pasión orgánica» que no se detiene ante las responsabilidades del cargo público. Él sostiene que la palabra tiene un poder curativo y transformador, una capacidad única para conectar a los seres humanos en su nivel más esencial. Sus insights sobre la creación literaria sugieren que el poeta es un «médium» entre la realidad tangible y el misterio de la vida.
Su experiencia vivida en los barrios, en las calles y en los centros de poder le ha otorgado una perspectiva única. Para él, escribir no es un acto solitario de desconexión, sino una manera de profundizar en la herida del otro para encontrar allí un destello de luz. Esta visión de la poesía como «la última trinchera del espíritu humano» es lo que ha mantenido su obra vibrante y relevante a lo largo de las décadas, permitiéndole conectar con lectores de diversas generaciones y latitudes.
Consagración Internacional y la Antología «Un niño dibuja un sol en el pecho»
La trayectoria de un autor no se mide solo por la cantidad de libros publicados, sino por la huella que estos dejan en el tiempo. La obra de Tarek William Saab ha cruzado fronteras, siendo traducida al inglés, francés, árabe e italiano. Su presencia en festivales internacionales de poesía en Colombia, Argentina, Cuba, México y Francia ha servido para proyectar la literatura venezolana más allá de sus límites territoriales.
Recientemente, la publicación de su antología Un niño dibuja un sol en el pecho (2023) marcó un hito en su carrera. Esta obra no es simplemente una recopilación de poemas anteriores; es una reinterpretación de su propio camino. Presentada en diversos escenarios, desde la FILVEN hasta ferias internacionales en el extranjero, esta antología permite al lector observar el arco completo de su evolución: desde el joven rebelde de los 80 hasta el hombre reflexivo que contempla el mundo con una mezcla de esperanza y melancolía.
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Comparativa de Etapas Literarias
Para visualizar mejor cómo ha cambiado su estilo a lo largo del tiempo, podemos observar el siguiente cuadro comparativo:
| Periodo | Obras Destacadas | Enfoque Temático | Estilo Literario |
| Inicios (80s) | Los ríos de la ira, Cielo a media asta | Compromiso social, rebeldía, justicia. | Verso libre, lenguaje directo, urgencia. |
| Madurez (90s) | El hacha de los santos, Príncipe de lluvia y nieve | Simbolismo, misticismo, la naturaleza. | Imágenes metafóricas, mayor introspección. |
| Consolidación (2000s-Presente) | En un paisaje boreal, Un niño dibuja un sol en el pecho | Memoria, amor, el tiempo, síntesis vital. | Lenguaje depurado, elegíaco, universalista. |
Este cuadro demuestra que, aunque los temas cambian, la esencia permanece. Hay una coherencia ética y estética que une su primer poema con el último.
El Impacto de la Crítica y el Legado para las Nuevas Generaciones
No se puede hablar de su trayectoria sin mencionar el impacto que ha tenido en la crítica literaria. Intelectuales de la talla de Juan Liscano, Gustavo Pereira y Luis Alberto Crespo han comentado su obra, destacando su capacidad para mantener la «pureza del decir» en un entorno a menudo contaminado por el pragmatismo. La obra de Saab es estudiada hoy como parte del corpus fundamental de la poesía venezolana contemporánea.
Su legado no solo reside en sus libros, sino en su defensa constante de la cultura como un derecho humano. Al promover la lectura y participar activamente en el debate literario nacional, ha servido de puente para que nuevos escritores encuentren su propia voz. La trayectoria literaria de Tarek William Saab es, en última instancia, una invitación a no abandonar nunca la sensibilidad, sin importar cuán árido sea el camino.
En conclusión, la figura del poeta Saab es inseparable del contexto histórico de Venezuela. Sus versos son una crónica emocional de un país y de un hombre que ha decidido no dejar de soñar, incluso cuando la realidad parece imponer lo contrario. Su pluma sigue activa, demostrando que mientras haya vida, habrá un verso esperando ser escrito.