
‘Oppenheimer’ y ‘Dune’ han dejado clara la importancia de la sonoridad en el cine, ya sea a través de diálogos o bandas sonoras. Frente a estos, cabe rescatar ‘The Quiet Girl’ como una exploración del silencio.
La película irlandesa llegó a los cines en 2022 de manos de Colm Bairéad, estando protagonizada por Catherine Clinch como Cáit, Carrie Crowly como Eibhlín Kinsella y Andrew Bennett como Seán Kinsella.
La obra de Bairéad cuenta la historia de Cáit, hija de una familia numerosa en la Irlanda del 1981 que será enviada a pasar el verano con una pareja familiar de la madre. Allí, descubrirá el secreto que estos esconden y encontrará una familia verdadera.
‘The Quiet Girl’ abraza el silencio
Sin entrar en aspectos como el argumento o la fotografía, premiada en diferentes festivales y con una nominación en los Oscar, ‘The Quiet Girl’ es una excusa válida para indagar sobre el uso del silencio en un cine imperiosamente sonoro. Para adentrarse en este campo se usará el artículo publicado en 2009 por Gustavo Montes, de la Universidad Rey Juan Carlos.
En el artículo, Montes afirma que el silencio se convierte en un elemento de significación. Con esto hace referencia a las personas otorgan un significado y sentido al silencio. Se convierte en una dimensión de la obra, por lo que no debe verse como una única ausencia de sonidos o palabras.
Tal ausencia de palabras o sonidos trae consigo un significado, una sensación. “En un diálogo no hay vacíos. Todo es significado”. Afirma Montes, pues el silencio es parte de como los personajes enfrentan a las situaciones o a los demás.
Sin embargo, todo significado no es explícito, por lo que sumerge al espectador un proceso continuo de cuestionamiento y decodificación. “¿Por qué no dice nada?”, puede ser una de las preguntas más recurrentes a lo largo de los noventa y cinco minutos de ‘The Quiet Girl’.

El secreto como nueva cara del silencio
Como el silencio tiene un sentido o significado dado, cabe también pensar que tiene un peso sobre la trama de ‘The Quiet Girl’. Ahora, este puede presentarse de diferentes maneras. En el artículo de Montes se presenta que el silencio en forma de secreto puede derivar en dos relatos. Sobre esto, el autor afirma que: “En ambos casos, el silencio se convierte en el motor que hace avanzar la historia”.
El primero de esos relatos, el de impostura. Esta muestra un personaje que conoce el secreto y lo defiende. En ‘The Quiet Girl‘, esta figura la representan tanto Sean como Eibhlín, personajes que ocultan que habían tenido un hijo fallecido tiempo atrás. Cuando esto se desvela, permite entender mejor el comportamiento de ambos protagonistas y hace avanzar la trama y los personajes hacia una mayor cercanía en su relación con Cáit.
Del otro lado encontramos el relato de desvelamiento. Esta postura la representa un personaje que busca romper el silencio de otros. Cabe destacar que ambos posicionamientos respecto al secreto no tienen por qué ser exclusivos, sino que pueden aparecer a la vez en la misma obra. Al margen de esto, en la película, este relato es adoptado por un personaje secundario que, durante un paseo, pregunta a Cáit de manera continuada sobre diversos temas. Al final, tal personaje termina desvelando el secreto de los Kinsella y rompiendo así el silencio en ‘The Quiet Girl’.

Los intervalos en ‘The Quiet Girl’
Dentro de su escrito, Montes afirma que: “El intervalo imprime un ritmo al lenguaje de los personajes”. Lo que quiere decir es que cuando los personajes hablan combinan palabras y silencios en intervalos más o menos largos. Dentro de la obra, estos intervalos son pronunciados. El silencio entre una frase y otra se extiende tanto que casi es estresante, queriendo romper uno mismo el vacío. Gran ejemplo de esto es Cáit, la propia chica callada, la cual en muchas ocasiones solo se mantiene expectante.
Ahora bien, lo que permiten este silencio, como señala Montes, es poner en marcha el mundo interior de los personajes, permitiendo el intercambio de miradas y emociones. En esas escenas de silencio agobiante, en ‘The Quiet Girl’, al espectador no le queda más que esperar esas miradas o emociones que expresan los personajes de manera gestual para recabar información.
Al final, los intervalos antes nombrados y una relación no tan adherida a las palabras terminan por forjar un vínculo más cercano entre protagonistas de ‘The Quiet Girl’. Sin necesidad de conversaciones, solo con gestos o actos se va construyendo la cercanía. Además, estos mismos gestos o las miradas antes descrita terminan por mostrar lo que siente el propio personaje.
Uno de los ejemplos más claros de lo arriba nombrado lo representa Sean. En un inicio, este personaje se muestra reticente a la hora de aceptar a Cáit. Tras terminar ‘The Quiet Girl’ es algo comprensible, pero en el momento marca esa distancia al no dirigir palabras ni acciones a la chica. Sin embargo, sin necesidad de un diálogo entre ambos, sabemos que el hombre empieza a aceptar a la chica cuando deja una galleta a su lado antes de marcharse a trabajar. Cada acto cuenta cuando el silencio impera.

No todo funciona en la película
En su escrito, Montes concede gran importancia al subtexto. Con este concepto hace referencia a las situaciones y palabras y silencios que los personajes viven en diversas circunstancias dentro de una misma escena. A esto añade que: “El espectador interpreta los silencios y palabras expresadas a través del subtexto”. En resumidas cuentas, los espectadores harán una interpretación u otra también en función de las circunstancias en las que se desenvuelve una escena.
Para ejemplificar lo anterior basta con recordar una escena en la que Eibhlín habla con Cáit al inicio de ‘The Quiet Girl’. Si no se conoce el género o algo de la trama, esa interpretación antes mencionada puede llegar a ser incorrecta. En dicha escena, las sombras marcadas sobre el rostro de Eibhlín, su expresión y el silencio que impera hacen parecer que la película puede tomar otro rumbo totalmente diferente al pretendido. Por hacerlo más visual, la escena da la sensación de ser de una película de terror como La Visita, en la que también se involucran familiares mayores e hijos pequeños.
Pese a lo anterior, ‘The Quiet Girl’ se muestra redonda. La crítica y nominaciones así lo han afirmado. El silencio es solo una cara más de la película, pudiendo ser un factor clave para realizar un visionado si genera interés. Si no es así, el filme de Colm Bairéad es lo suficientemente diferente a lo visto en las grandes pantallas últimamente como para otorgarle el beneficio de la duda.